Clara Mariscal Alvarado, ahora tiene 21 años , es Mixteca , nació en Guadalupe Villa Hermosa, Mariscala de Juárez Huajapan, Oaxaca.
Llegó a Guadalajara cuando tenía 9 años y a los 10 quedó vinculada a uno de los programas de MAMA A.C. en su condición de niña pobre y trabajadora.
Llegó a nosotros con el primero de primaria cursado y con “una enorme timidez y tristeza resultado de la historia familiar, llena de pobreza y el alcoholismo y violencia de su padre”.
Así se inició la historia de esta Mujer Lucha Clara Mariscal que con la compañía, protección y las lecciones de MAMA se fue haciendo grande: “su espíritu y carácter, sus metas conquistadas día con día, su claridad en el proyecto de vida, soñar y su inmensa capacidad de solidaridad con su familia”.
En los momentos más fuertes de “crisis familiar” (y ella estudiando el bachillerato técnico) recibió el ofrecimiento de MAMA A.C. para que ingresara a nuestra Casa-Hogar, ella decidió que no, que no podía: “ella estar bien y dejar abajo a la familia”.
Clara Mariscal, ni ella ahora , ni en un futuro sus hijos serán parte de la dinámica y de las estadísticas de las llamadas “poblaciones callejeras”.
Los trofeos que ha ganado en la vida ahí están y son “irreversibles”: le ganó a la calle y su círculo de marginación, terminó la primaria, la secundaria y el bachillerato técnico, ha acumulado una nueva historia laboral formal, ya es estudiante universitaria y se decidió por la carrera de Química Ambiental .
A Clara le queda claro que “si quiere tener novio, pero no para casarse pronto”. Tiene muchos planes de futuro: terminar su carrera, acumular puntos en el Infonavit y comprar una casa para sus padres, acomodar sus horarios de estudio y trabajo para realizar voluntariado con su MAMA A.C. , también externa su preocupación por la pobreza del sur de México ( de donde ella proviene) y desea algún día, “andar por allá ayudando a su gente”.
Clara Mariscal vive acompañada de sueños, esperanza, decisiones inteligentes y metas conquistadas.
Clara Mariscal ¡felicidades! eres motivo de nuestra felicidad y orgullo, eres un gran ejemplo.
Tu historia y tu lucha le dan un mensaje de esperanza a la gente que por sus condición de exclusión, continúan sobreviviendo de lo que “les da la calle”.
También les manda un mensaje contundente a ciudadanos, funcionarios y políticos de todas las tendencias, que todavía piensan que la “gente de la calle es indolente, un asunto de seguridad que hay que controlar y de estética social que barrer”.









